martes, 5 de septiembre de 2017

“EL PODER EN MANSEDUMBRE”

Tema: “EL PODER EN MANSEDUMBRE”

Texto: Éxodo 2:11-15; 3:7-12

“En quietud y en confianza será vuestra fortaleza”
Isaías 30:15
Las cataratas del Niágara son una de las vistas más espectaculares que yo jamás haya contemplado. El rugido de 170 mil metros cúbicos de agua cada minuto las convierte en el salto de agua más poderoso en Norteamérica. Sin embargo, muy poca gente sabe que más del 50% del agua del río se desvía por cuatro túneles gigantes antes de llegar a las cataratas. Este agua pasa por turbinas hidroeléctricas que suministran energía a las áreas cercanas en los Estados Unidos y Canadá antes de regresar al río, habiendo dejado bastante atrás las cataratas.
A algunos les encantaría que los demás pensaran que sus vidas son como las Cataratas del Niágara -salvajes, espectaculares y ruidosas. Pero el poder sin control se disipa en energía inútil. Moisés pensó que podía usar su poder como miembro de la realeza para causar la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud. Utilizó mal su poder matando a un egipcio, lo cuál sólo disipó su poder porque perdió el respeto de su propio pueblo (Éxodo 2:11-15). Dios tuvo que enseñarle mansedumbre (Números 12:3).
Los mansos prosperan porque son quienes tienen el poder bajo control. Nuestro Señor dijo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5:5). Puede que hayas estado tratando de vivir en este mundo por medio de tu propio poder. Deja que Dios te enseñe mansedumbre para que puedas vivir y depender de Su fuerza.

Nada es más fuerte que la fuerza bajo el control de Dios.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Momentos de prueba

En esta oportunidad quiero decirte a ti, que está encerrado en luchas, en necesidades en problemas, que estas atravesando por pruebas, que mientras la presencia de Dios desciende, cosa ligera es a sus ojos hacer el milagro que estás esperando, como algo sencillo en manos de nuestro padre, verás a tus enemigos caer delante de ti. Para nosotros los milagros son imposibles pero para Dios es cosa ligera porque para él hacer un milagro es algo simple. Solo debemos abrir nuestro corazón y creerlo. Simplemente tenemos que decirle al Señor: "Señor, yo lo creo". Es necesario que la presencia de Dios te envuelva, que permitas que en tu corazón haya la suficiente libertad para que Dios te hable y te muestre lo grande y lo maravilloso que es él en un mundo seco, vacío donde la abundancia prácticamente no se ve, sino la escasez, la esterilidad, etc. Dios te habla de que él es quien hace que las promesas se cumplan y quien promete que te multiplicará en abundancia. Retomando el ejemplo del pueblo de Israel, lo cierto es que el valle debía poseer posos que el Señor luego cubriría con agua para que a la mañana siguiente, los enemigos, es decir, los moabitas pensaran que el reflejo del agua fuera la sangre de los mismos israelitas y avanzaran sobre el territorio totalmente desarmados como lo hicieron. De esta manera el Señor entregó a Israel al enemigo en sus manos. Si sientes que tu situación es similar a la que relata este pasaje bíblico, levanta tus ojos a los cielos porque de El vendrá tu socorro. La Biblia dice ¿quién estará de pie cuando el poder de Dios se manifieste? Dios es capas de mostrarse aún en el último momento. Cuando parece que todas las puertas se cerraron, cuando parece que todo es imposible, cuando el dolor y las situaciones se empeoran vamos a dejar que sea la música, la alabanza traiga la presencia de Dios y El intervendrá en su vida. Cosas que puedan estar enquistadas en su vida, Dios las puede quitar hoy. Viene un tiempo de sanidad, un tiempo de renuevo. La Biblia dice que cuando hay alabanza, la presencia de Dios desciende.

viernes, 1 de septiembre de 2017

"¡Que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar!" (Hebreos 12:3)

"¡Que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar!" (Hebreos 12:3)

     ¡La vida es una lucha! ¡Exige fe, valor y mucho ánimo! Lo que nos ocurre a muchos es que nos rendimos cuando las cosas se ponen difíciles. Algunos desmayan, ¡se rinden mental y espiritualmente!
     Sin embargo, Dios dice: "Los hombres necesitan orar siempre y no desmayar. ¡Orad sin cesar!" (Luc.18:1; 1Tes.5:17) "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos". (Gál.6:9)
     ¡La voluntad es poderosa! "El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?" (Pro.18:14) ¡Con frecuencia la fe y la voluntad ardientes vencen impedimentos aparentemente insuperables!
     ¡En nuestra debilidad, incapacidad y cortedad encuentra Dios la oportunidad de demostrar Su fuerza, Su capacidad y Su poder! ¡No te rindas tan pronto, no dejes que te rescaten prematuramente, no abandones justo antes de la victoria! ¡Cosas maravillosas pueden pasar en ese lapso adicional de tiempo, cuando decides no rendirte, sino seguir creyendo y orando! ¡Nunca te arrepentirás! ¡Te alegrarás por toda la eternidad de haber aguantado y haber seguido adelante por Jesús!

jueves, 31 de agosto de 2017

Aprender sobre misericordia y gracia

Aprender sobre misericordia y gracia

Tommy Paluchowski

He llegado al punto en que ya no puedo hacer mucho solo.*
No puedo trabajar. No puedo ganar dinero. No puedo hablar. No puedo comunicarme.
No puedo satisfacer a mi esposa. Ni puedo hacer que se quede conmigo.
No puedo escribir fácilmente. Me demoro mucho tiempo en escribir una frase. Ya no puedo compartir historias porque tengo dificultad para pronunciar ciertas palabras.
Sin embargo, puedo recordar el pasado distante, y recuerdo el día de mi salvación. Pero no puedo recordar para qué vine a la cocina.
Puedo comer pero no puedo disfrutar de la comida en un restaurante. A menos que fuera aceptable comer con las manos como era el caso en África, un lugar que lamentablemente tuve que dejar.
Puedo ir a ver a un médico, pero no me puede mejorar la salud. Tampoco puedo curarme yo. No me puedo ayudar a mí mismo.
No puedo hacer nada importante. Solo puedo hacer lo indispensable, y solo puedo hacerlo lentamente y una cosa a la vez.
Nunca antes estuve en esta situación.
Tengo miedo y estoy solo. Parece que llegué al final de mi camino.
Estoy cara a cara con mis pesares.  No tengo a nadie a quien culpar sino a mí mismo.
Tampoco hay nadie que me ayude.
«Te entrego todo a ti» ha cobrado un nuevo significado en mi vida.
De verdad pensé que uno de estos días muy pronto me acostaría en la cama y le diría adiós a este hermoso, pero al mismo tiempo, cruel mundo.
Y justo cuando estaba a punto de darme por vencido, alguien me sorprendió.
Sin previo aviso, una elegante silueta se apareció en mi puerta. De repente la Gracia se tornó en algo muy real para mí. Tan tangible que sentí como si estuviera físicamente presente. Bueno, casi. Aún así, puedo apostar que la vi una vez.
Por primera vez la Gracia representó más para mí que simplemente el perdón. Nunca antes me había dado cuenta de que ella tenía muchos otros dones y habilidades también.
Uno de los dones asombrosos es su habilidad para enseñarme a aceptar lo que sucede en mi vida con paz en lugar de temerosa ansiedad.
Con su presencia me empecé a sentir seguro en los malos momentos de la vida e incluso empecé a alabar a Dios por todo. Lo que más me sorprendió fue mi sinceridad al hacerlo.
Dios se había convertido en mi única solución. Sentí como si Él se hubiera entregado a sí mismo como un regalo a la medida para mí. Solo tuve que vaciar el corazón, la mente y las manos para recibirlo.
Siempre pensé que ya conocía a Gracia. Pero su sorprendente presencia generó una nueva conciencia, un nuevo descubrimiento. Ella trajo consigo sensaciones completamente nuevas. Honestamente, fue un encuentro que transformó mi vida.
«Por Su gracia» cobró sentido auténtico para mí de una nueva forma indescriptible.
Ahora me estoy volviendo adicto a ella. No me siento capaz de lograr nada si la presencia de mi nueva amiga. Algunos lo considerarán un signo de debilidad, pero creo que así debe ser.
Orar de rodillas ahora tiene sentido, mientras que antes lo consideraba demasiado piadoso. Me ayuda a mantener mi mente encauzada.
Gracia tiene una hermana. Se llama Misericordia. Creo que son gemelas, pero nunca les he preguntado.
También me viene a visitar cada día. Inmediatamente nuestra relación se tornó en amistad, y yo soy el principal beneficiado de esta relación desigual.
A veces lo único que hacemos es mirarnos a los ojos, y con eso nos comunicamos lo suficiente. Sus ojos tranquilizadores y amables me dan el consuelo que necesito.
Es vergonzoso para un hombre adulto reconocerlo, pero la actitud considerada y perdonadora de Misericordia a veces me emociona hasta las lágrimas.
Reconozco que antes de mi condición actual no tenía mucho contacto con ninguna de las dos hermanas. No pensaba mucho en ellas. Supongo que no había necesidad.
A pesar de mi actitud, ambas vinieron a ayudarme en mi debilitante estado.
Aparecieron ambas en mi espacio personal para ayudarme a solucionar los problemas que empezaron a invadir mi vida. Gracias a la intervención de ellas, mi vida dio un vuelco total. Me ayudaron a resolver el remordimiento del pasado y a deshacerme de mi desorden intelectual.
¿No lo podría haber hecho por mi cuenta? ¿No podría haber limpiado mi vida en preparación para la visita de las hermanas?
Si hubiera podido hacerlo solo, no las hubiera necesitado.
Además, nadie en su sano juicio voluntariamente limitaría su capacidad con la finalidad de cumplir con el objetivo de tocar fondo. ¿Para qué? ¿Para aprender lo significativas e indispensables que son Misericordia y Gracia? Eso sería contradictorio e ilógico.
¿Estoy contento con lo que me ha sucedido? Sorprendentemente, sí.
Gracias a Misericordia y Gracia mi perspectiva, mi actitud y mi canción han cambiado, aunque no las circunstancias.
He llegado al punto en que ya no puedo hacer mucho solo.
Nunca antes estuve en esta situación.
Pero no tengo miedo y no estoy solo. Parece que estoy llegando al final de mi camino, pero ya no me importa.
Ya no estoy cara a cara con mis pesares. No tengo necesidad de culpar a nadie.
Gracia y Misericordia vinieron a ayudarme.
«Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte»[1].

lunes, 28 de agosto de 2017

¡El molino de los juicios de Dios gira despacio, pero seguro!

¡El molino de los juicios de Dios gira despacio, pero seguro!

     Dios actúa con cierta lentitud, pero muy concienzudamente. Sus juicios son como dos grandes ruedas de molino que pulverizan el grano. Este se vierte en un orificio de la piedra superior, que gira continuamente y hace que el grano molido se desplace desde el centro hasta los bordes de la piedra. Cuando el grano llega al borde lo hace en forma de polvo muy fino; ya no es grano, sino harina. Si bien a veces los molinos de la justicia divina parecen moler muy lentamente, terminan por moler muy finamente. ¡Así pues, quien no quiera ser quebrantado sobre la Roca de Dios, hallará algún día que la Roca cae sobre Él, reduciéndolo a polvo que los vientos de Sus juicios se llevarán, y su lugar no lo conocerá más! (Mat.21:44)
     ¡Pero demos gracias a Dios porque "el juicio comienza por la casa del Señor"! (1Pe.4:17) Nosotros somos la Casa del Señor y ya hemos sido juzgados por Él, porque lo hemos recibido y aceptado como pago de nuestros pecados. Por eso, ya no tendremos que sufrir los juicios físicos que caerán sobre el mundo y los que no hayan sido salvos (1Cor.11:31, 32). ¡Gracias, Jesús, por haber recibido el castigo en lugar nuestro! 

viernes, 25 de agosto de 2017

Tomar decisiones que honren a Dios: Averiguar la voluntad divina

Tomar decisiones que honren a Dios: Averiguar la voluntad divina

Peter Amsterdam

No hemos cesado de orar por ustedes, pidiendo que sean llenos del conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que anden como es digno del Señor, haciendo en todo, lo que le agrada, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.  Colosenses 1:9-10[1]
Uno de los rasgos de la humanidad, como seres creados a imagen de Dios, es el libre albedrío, que incluye la capacidad de tomar decisiones y el responsabilizarnos de las consecuencias de las mismas. Aprender a tomar decisiones que glorifiquen a Dios y que cumplan Su voluntad en nuestra vida puede resultar muy difícil a veces; el proceso de descubrir Su voluntad y esperar a que nos comunique soluciones y guía pone a prueba nuestra fe y la hace crecer.
La decisión más importante de nuestra vida es la de recibir a Jesús como Salvador y aceptar la salvación que Él nos regala, pues determina nuestra relación eterna con Dios y Su reino. Se trata de una decisión fundamental que define nuestro presente y nuestro futuro, además de redefinir nuestro pasado al anular los cargos contra nosotros, que nos eran adversos, «clavándolo[s] en la cruz»[2].
La decisión de aceptar a Cristo como Salvador solo la podemos tomar nosotros; invitar a Jesús a entrar en nuestro corazón y participar en nuestra vida es una decisión voluntaria. Sin embargo, con la salvación no se acaba todo: después que entregamos nuestra vida al Señor, nos enfrentamos a diario a numerosas decisiones sobre cómo alimentar nuestra fe por medio del estudio de Su Palabra y vivir según Sus mandamientos y guía.
Para los cristianos, tomar decisiones debe ser un proceso relacional en el que intervenga Dios; para ello le presentamos todas nuestras ansiedades, sabiendo que Él cuida de nosotros[3]. Nos ha dicho que nos acerquemos a Él y «razonemos»[4], con lo que expresa Su deseo de conversar con nosotros. Quiere estar presente y participar en la conversación cuando tomamos decisiones, y ha prometido que Su Espíritu en nosotros nos guiará a toda la verdad[5].
Como cristianos, a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos a decisiones trascendentales que influyen en nuestro futuro: está la elección de una profesión, de la persona con quien nos casaremos, de la forma de criar a nuestros hijos, del país en que viviremos, y las decisiones sobre nuestro grado de compromiso con nuestra fe y de participación en la obra de Dios. Uno de los pasos más importantes para averiguar la voluntad divina y tomar decisiones acertadas consiste en tener presente a Dios y encomendarle nuestros caminos. «Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él hará derechas tus veredas. Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará»[6].
Para aprender a tomar decisiones que honren a Dios y estén en consonancia con Su voluntad y mandamientos suele ser necesario pasar por períodos de reflexión, de oración ferviente y de pruebas. A veces cuesta determinar cuál es la voluntad de Dios en cierta situación o qué decisión conducirá a los mejores resultados. En esos casos, es posible que deseemos que un rayo ilumine el cielo, o que alguna fuerza nos tire al suelo, como le ocurrió al apóstol Pablo, a fin de disponer de una señal precisa, infalible. Sin embargo, muy a menudo la voz de Dios es tan suave que si no nos tranquilizamos, abrimos nuestra mente y prestamos oído, puede pasar inadvertida.
El Señor le ordenó: «Sal y preséntate ante Mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí». Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.  1 Reyes 19:11-12[7]
¿En qué consiste nuestra función en el proceso de toma de decisiones? ¿Cómo podemos hacer todo lo posible por tomar decisiones acertadas, acallar nuestro espíritu para oír la voz de Dios y determinar la mejor opción en decisiones que de algún modo vayan a alterar el curso de nuestra vida? La Palabra de Dios nos dice: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada»[8].
Él nos creó a Su imagen, somos seres racionales capaces de tomar decisiones voluntarias y de optar por poner a Dios en el centro de nuestra vida. Esa es una forma de amar a Dios con toda nuestra mente: tomar reflexivamente la decisión de amarlo, de permitir que ocupe un lugar central en nuestra vida y nuestros deseos, y de procurar glorificarlo en todas nuestras decisiones y acciones. Si amamos a Dios de esa manera, racionalmente, con una mente resuelta y con el compromiso interior de seguirlo a donde sea que nos lleve, estamos en condiciones de verificar la voluntad de Dios, tal como Pablo explica en Romanos: «Transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto»[9].
Ese versículo indica que a menudo puede ser necesario probar algo para determinar por medio de la experiencia si es la voluntad de Dios. Es posible que la decisión que tengamos delante no esté lo suficientemente clara como para saber con absoluta certeza cuál es el mejor camino. Quizá tenemos que decidir si vamos a invertir en un negocio, o iniciar una nueva modalidad de evangelización, o poner a nuestros hijos en tal colegio, o mudarnos a un nuevo barrio. Hemos acudido al Señor para que nos dé sabiduría y orientación. Hemos evaluado las ventajas y desventajas. Hemos hecho un análisis minucioso de la situación. Hemos pedido asesoramiento a personas que están en condiciones de darnos buenos consejos. Sin embargo, es posible que aun así no estemos cien por cien seguros de la decisión, pese a que se está acabando el plazo para tomarla. En situaciones como esa, es posible que sientas que Dios te está empujando a dar un paso y tomar una decisión preliminar, al tiempo que te dejas un espacio para la etapa de verificación y te reservas el derecho de alterar el rumbo si la dirección propuesta no resulta ser la voluntad de Dios en tu caso.
Después de dar ese paso de tomar una decisión preliminar, a menudo sucederá que el Señor la confirmará, o bien surgirán nuevos factores que arrojarán luz sobre la situación. En cada nueva encrucijada en que te encuentres en la ruta hacia la decisión final, es posible que tengas que volver a examinar las circunstancias y orar de nuevo antes de dar el siguiente paso. Es posible que tengas que ajustar el rumbo que te has trazado cuando veas que las coordenadas de tu decisión original, a pesar de hallarse en términos generales en la dirección correcta, deben afinarse para apuntar directamente a tu destino final. Tomar decisiones es a menudo un proceso en el que intervienen muchas decisiones, no solo una; y cada decisión sienta las bases para las siguientes.
La mayoría preferiríamos que Dios nos diera instrucciones que no dejaran lugar a dudas. Sin embargo, parece que Él a menudo quiere que hagamos el trabajo de buscar de todo corazón Su voluntad, investigar, analizar, evaluar y aprovechar todos los medios que estén a nuestro alcance para tomar decisiones prudentes que lo honren. Parece ser que Él rara vez hace por nosotros lo que somos capaces de hacer por nosotros mismos. Yo he comprobado que las mejores decisiones que tomo suelen ser las que tomo en conjunción con Él, cuando hago la tarea preparatoria de analizar las posibilidades y opciones, de sopesar las ventajas y desventajas de cada una, al tiempo que busco Su guía y Su opinión orando y escuchándolo.
Tomar decisiones que honren y glorifiquen a Dios es una forma de demostrarle que lo amamos con todo nuestro corazón, alma y mente. Aunque a la mayoría nos cuesta asumir la seria responsabilidad de tomar decisiones que se ajusten a Su voluntad, estas constituyen una oportunidad de glorificarlo. Si le reservamos un lugar central en nuestra vida, lo reconocemos en todos nuestros caminos y nos encomendamos a Él, podemos tener la confianza de que nos guiará y nos ayudará a discernir cuál es Su voluntad y a tomar decisiones prudentes.

miércoles, 23 de agosto de 2017

¡La primera impresión suele ser correcta, si verdaderamente escuchas al Señor!

¡La primera impresión suele ser correcta, si verdaderamente escuchas al Señor!

     Si amas al Señor, estás lleno de Su Espíritu y buscas sinceramente Su voluntad, normalmente la primera reacción que tengas frente a algo será acertada. Dios es el primero en hablar. Puede que sólo sea esa "voz suave y apacible" que resuena en tu interior; a veces ni siquiera como palabras, sino solamente como una sensación (1Re.19:12). Dios no necesita siquiera comunicarse con palabras. Puede inspirarte un simple presentimiento, una imagen o una idea.
     Si te sujetas a Su voluntad y obedeces, tendrás una vía de comunicación muy clara y obtendrás una imagen nítida y precisa. Cuando estás en armonía con el Espíritu, escuchas del Espíritu de Dios las respuestas acertadas. Así que ponte en sintonía y el Señor te llenará todo: ¡la mente, el corazón, los oídos, los ojos! No sólo debes entrar en oración, sino también en el Espíritu, y el Señor te dirá lo que debas hacer.
     Todo lo que necesitas es fe. Cuando le pidas una respuesta al Señor, cuenta con ella y acepta lo primero que venga. ¡Si realmente crees y le pides una respuesta al Señor, y quieres escuchar o ver, no te defraudará! ¡Y lo que veas o escuches con los ojos u oídos de tu espíritu, vendrá del Señor! ¡Cuenta con que Dios responderá!